Recuerdo aquel día como si fuera el pensamiento más nítido en mi memoria, las campanas sonaban como sentencia final de todos mis temores, mi razón se ausentó, el color del cielo se perdió como la mirada que ya no fui capaz de sostener, mis ojos se inundaron en lágrimas, las nubes empañaron el cielo de lluvia incesante, dejé de mirar con ojos claros para volverme oscura, mis palabras enmudecieron, mi cuerpo dejó de tener vida, mi corazón quedó sellado y helado por la noticia.
La última mirada con luz propia que vi fue la suya, sus ojos azules se volvieron más claros de lo habitual, era extraño pensar que todo aquello pudiera acabar… y ahí empezó mi destino, mi cometido…
Era el principio del fin… ¡Qué ingenua fui! Había tantas cosas que no dije, tantos momentos que no viví quizás pueda excusarme ahora pensando y diciéndole que mis intenciones eran buenas. Me condenaron diciéndome que la solución era olvidar, poco a poco volví a mi actividad principal, me dediqué a rendirme y consolarme escribiéndole canciones, él era un hombre bueno, yo una insensata por pensar que el tiempo bailaba en mis manos…
Los días pasaban y la soledad me sobresaltaba y ¿sabes? Eso es lo que nos convierte en monstruos.
-¿Estar solos, echar de menos a alguien?
No, sentirse solos, eso te transforma, lo que precede a la soledad es la desesperación y ello a su vez te lleva a pensar que no tienes nada y cuando no tienes nada… tampoco tienes nada que perder… y yo no fui una excepción, para nada…
-¿Sabes por qué estás aquí?
Me condené a mi misma a vagar sin aire en los pulmones por los océanos que se cerraban sobre mi cabeza, hablé con una amiga y me propuso la única salida que ví, me dirigí a ella y me invitó a entrar en su casa, era enorme, las paredes eran blancas y en ellas colgadas cuadros que dibujaban miradas preciosas, de hombres y mujeres, cuyo único color era el azul, pero aquello no me hizo sentir nada, más allá de la curiosidad. Nos acercamos a la mesa y nos sentamos, yo necesitaba una solución que paliara mi desesperación, la situación me superaba, su cambio me pareció justo, a partir de que cerrásemos el contrato, mi amado tendría los mis ojos negros y yo sus ojos azules, la vida a la que yo renunciaba era la que a él le salvaría a cambio yo vagaría por toda la eternidad sumergida en el mar pero mi corazón no volvería a latir.
-Mírame, Elisa, mírame…
No.
-Mírame quiero ver el color de tus ojos yo te quiero…
Lo sé.
-¿Sabes dónde estás?
En el purgatorio porque aún no he dejado de vagar, mis ojos están cansados de esperar tu mirada, de soñar que algún día me querrás, pero estoy harta de hacerte soñar para hacerte ver lo que no puedes en la vida real.
-¿Me conoces?
Eres la razón de mi locura, ¡Qué ironía! ¿Verdad amor?¿Verdad ,Gabriel?
-¿Por qué me dices esto?
Porque por ti he muerto, ahora... ¡despierta!.
Gabriel despertó sobresaltado, las sabanas estaban revueltas, le dolía la cabeza y ahí estaba Elisa; tumbada junto a él , mirándole.
-¿Estás bien?preguntó ella
La miró, mientras desconcertado intentaba decirse que todo había sido un sueño, suspiró aliviado, se lo contó y les invadió la risa… entonces él le ordenó que le mirase, los ojos de Elisa eran tan negros y brillantes que resultaban inconfundibles.
Satisfecho se volvió a tumbar.
Conforme se dio la vuelta y dejó de contemplarla, los ojos de Elisa se volvieron azules, se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño, llenó la bañera, dijo para sí “Volvamos al mar” y con decisión se sumergió dejando que el agua invadiera todo su cuerpo, en ese momento las paredes del lecho que habían compartido tantas veces se volvieron blancas, y enfrente de la puerta apareció un cuadro, en él se dibujaron automáticamente unos ojos azules, con el último trazo de aquel cuadro Gabriel abrió los ojos, despertó y se sorprendió observó un cuadro que le resultaba aterradoramente familiar. Corrió desesperadamente en busca de Elisa , gritando su nombre pero cuando por fin la encontró, fue demasiado tarde para entender cada palabra, él intentó sacarla del agua pero era como si estuviera anclada al fondo de la bañera entonces la miró y entre lagrimas le susurró por primera vez que la amaba, entonces apareció una luz blanca que iluminó el lugar donde él estaba arrodillado y calló una nota de la nada en la que se podía leer:
“He soñado tantas veces con tus ojos azules que he temido despertar y no volverlos a encontrar, así pues te doy mi vida para que tus ojos azules no desaparezcan nunca”
FIN
sábado, 5 de septiembre de 2009
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Me ha gustado, pero aún debes trabájarla un poco más.
ResponderEliminarBesos
Mejor expresión que en la historia anterior.
ResponderEliminarMás cuidada y con bastante riqueza de lenguaje. Pero niña......... escribe algo donde la muerte no ande rondando.....
Besotes.
Rosa