sábado, 5 de septiembre de 2009

TODOS TENEMOS LOS OJOS AZULES

Recuerdo aquel día como si fuera el pensamiento más nítido en mi memoria, las campanas sonaban como sentencia final de todos mis temores, mi razón se ausentó, el color del cielo se perdió como la mirada que ya no fui capaz de sostener, mis ojos se inundaron en lágrimas, las nubes empañaron el cielo de lluvia incesante, dejé de mirar con ojos claros para volverme oscura, mis palabras enmudecieron, mi cuerpo dejó de tener vida, mi corazón quedó sellado y helado por la noticia.
La última mirada con luz propia que vi fue la suya, sus ojos azules se volvieron más claros de lo habitual, era extraño pensar que todo aquello pudiera acabar… y ahí empezó mi destino, mi cometido…
Era el principio del fin… ¡Qué ingenua fui! Había tantas cosas que no dije, tantos momentos que no viví quizás pueda excusarme ahora pensando y diciéndole que mis intenciones eran buenas. Me condenaron diciéndome que la solución era olvidar, poco a poco volví a mi actividad principal, me dediqué a rendirme y consolarme escribiéndole canciones, él era un hombre bueno, yo una insensata por pensar que el tiempo bailaba en mis manos…
Los días pasaban y la soledad me sobresaltaba y ¿sabes? Eso es lo que nos convierte en monstruos.
-¿Estar solos, echar de menos a alguien?
No, sentirse solos, eso te transforma, lo que precede a la soledad es la desesperación y ello a su vez te lleva a pensar que no tienes nada y cuando no tienes nada… tampoco tienes nada que perder… y yo no fui una excepción, para nada…
-¿Sabes por qué estás aquí?
Me condené a mi misma a vagar sin aire en los pulmones por los océanos que se cerraban sobre mi cabeza, hablé con una amiga y me propuso la única salida que ví, me dirigí a ella y me invitó a entrar en su casa, era enorme, las paredes eran blancas y en ellas colgadas cuadros que dibujaban miradas preciosas, de hombres y mujeres, cuyo único color era el azul, pero aquello no me hizo sentir nada, más allá de la curiosidad. Nos acercamos a la mesa y nos sentamos, yo necesitaba una solución que paliara mi desesperación, la situación me superaba, su cambio me pareció justo, a partir de que cerrásemos el contrato, mi amado tendría los mis ojos negros y yo sus ojos azules, la vida a la que yo renunciaba era la que a él le salvaría a cambio yo vagaría por toda la eternidad sumergida en el mar pero mi corazón no volvería a latir.
-Mírame, Elisa, mírame…
No.
-Mírame quiero ver el color de tus ojos yo te quiero…
Lo sé.
-¿Sabes dónde estás?
En el purgatorio porque aún no he dejado de vagar, mis ojos están cansados de esperar tu mirada, de soñar que algún día me querrás, pero estoy harta de hacerte soñar para hacerte ver lo que no puedes en la vida real.
-¿Me conoces?
Eres la razón de mi locura, ¡Qué ironía! ¿Verdad amor?¿Verdad ,Gabriel?
-¿Por qué me dices esto?
Porque por ti he muerto, ahora... ¡despierta!.

Gabriel despertó sobresaltado, las sabanas estaban revueltas, le dolía la cabeza y ahí estaba Elisa; tumbada junto a él , mirándole.
-¿Estás bien?preguntó ella
La miró, mientras desconcertado intentaba decirse que todo había sido un sueño, suspiró aliviado, se lo contó y les invadió la risa… entonces él le ordenó que le mirase, los ojos de Elisa eran tan negros y brillantes que resultaban inconfundibles.
Satisfecho se volvió a tumbar.
Conforme se dio la vuelta y dejó de contemplarla, los ojos de Elisa se volvieron azules, se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de baño, llenó la bañera, dijo para sí “Volvamos al mar” y con decisión se sumergió dejando que el agua invadiera todo su cuerpo, en ese momento las paredes del lecho que habían compartido tantas veces se volvieron blancas, y enfrente de la puerta apareció un cuadro, en él se dibujaron automáticamente unos ojos azules, con el último trazo de aquel cuadro Gabriel abrió los ojos, despertó y se sorprendió observó un cuadro que le resultaba aterradoramente familiar. Corrió desesperadamente en busca de Elisa , gritando su nombre pero cuando por fin la encontró, fue demasiado tarde para entender cada palabra, él intentó sacarla del agua pero era como si estuviera anclada al fondo de la bañera entonces la miró y entre lagrimas le susurró por primera vez que la amaba, entonces apareció una luz blanca que iluminó el lugar donde él estaba arrodillado y calló una nota de la nada en la que se podía leer:
“He soñado tantas veces con tus ojos azules que he temido despertar y no volverlos a encontrar, así pues te doy mi vida para que tus ojos azules no desaparezcan nunca”




FIN

lunes, 3 de agosto de 2009

VIDAS CRUZADAS



En la lejanía, un cielo negro sin estrellas. La luna asomaba tímidamente entre los edificios, sobre el asfalto los pasos cada vez mas acelerados, de entre las tinieblas apareció una niña de aspecto vulnerable con una foto entre las manos que chocó con Cian, sus miradas se cruzaron pero la niña evitó mirarla a los ojos y con un susurro como disculpa volvió a ocultarse en las tinieblas. Cian, inmersa en su melancolía, giró en la esquina más cercana para adentrarse en un bar, ella era capaz de salvarlo todo pero destruyéndose a sí misma primero. Cuando se dio cuenta estaba sentada en uno de aquellos mugrientos taburetes donde cada noche era un hombre diferente quien se entregaba a la bebida para momentáneamente ser inconsciente en un mundo que se convertía en un infierno a cada paso. Abatida se decidió a vaciar una a una todas las copas de wisky que había pedido, nadie se había fijado en su figura abandonada, nadie apreció su soledad. Sus manos empezaron a temblar, todo se nublaba a su alrededor, ahora sentía el peso de estar viva, las emociones pesaban sobre sus hombros hasta hundirla por completo. Dejó el dinero sobre la barra como un último gesto de despedida, con cierto aire de agradecimiento sonrió al camarero y agachando la cabeza se arrastró hasta los servicios, se inclinó sobre el lavabo y al levantar la cabeza para tomar aire observó en el espejo el reflejo de una mujer, parecía estar perdida en aquel lugar. Se dio la vuelta y la invitó a hablar con un saludo y una mirada de perplejidad.

En un último intento quiso pedir ayuda pero antes de que pudiera se desvaneció sobre el suelo mientras sus ojos se iban cerrando lentamente.

Tres semanas después Cian despertó rodeada de tubos y cables que se fundían con su piel, con decepción se preguntó a sí misma por qué había sobrevivido si ella debía estar muerta, no medio-inconsciente.

“Veo que estás despierta” dijo uno de los doctores cruzando la habitación hasta llegar a ella, con una sonrisa en la cara dijo “ tienes suerte de tener amigas como ella” y la mujer desconocida se acercó hasta ella en silencio.

“Me alegro de que te estés mejorando poco a poco, me llamo Michelle” dijo mientras extendía su mano hacia ella.

Con una media sonrisa estrechó su mano y le dio las gracias tímidamente.

Un joven médico irrumpió en la habitación para informarle acerca de su estado de salud, a pesar de la complicada intoxicación etílica a la que se había expuesto todo parecía indicar que tras un periodo de observación de 48 horas volvería a casa con su hija.

El joven parecía mas alegre por la noticia que la misma paciente incluso se permitió bromear para arrebatarle esa sonrisa que no había conseguido con la noticia, y con una leve sonrisa se dio por satisfecho. A continuación le dieron unos calmantes para dormir y a los pocos minutos se quedó dormida y poco después comenzó su sueño: volvía a verse en medio de la oscuridad, una luz muy tenue alumbraba el suelo que pisaba y al levantar la cabeza miró a lo lejos y vio que el cielo y la tierra se mezclaban, había un ruido ensordecedor pero no había nada ni nadie cerca, entonces se hizo el silencio, y apareció una niña vestida de negro, con la cabeza cubierta por una capucha, el rostro pálido le parecía familiar, tenía los cabellos color negro, sus labios eran muy gruesos y rosados , caminaba hacia ella, cuando estuvo frente a frente a ella, se quitó la capucha y mirándola directamente a los ojos le dijo: “este es el nexo de la vida y la muerte, a partir de cuando despiertes comenzarás a ver, escuchar, soñar y experimentar todo tipo de momentos ya vividos pero irás hacia atrás, restando años, adquiriendo la edad que las imágenes te muestran, habrá momentos en los que te veas a ti misma pero con rostro de niña o espectros recreando escenas de tu infancia, pero no te asustes ellos son tú, tu último recuerdo será el que te unió a tu madre, pero cuando veas la imagen que da sentido al principio de todo… entonces…, por cierto… yo tengo ocho años… ¿y tu, cuántos años tienes?” Con una sonrisa malvada y de triunfo desapareció.

A las 3 a.m. despertó sobresaltada con la respiración agitada, su corazón iba a estallar, intentó calmarse diciéndose a sí misma que todo había sido producto de la fiebre, desesperada buscó el termómetro pero al abrir el cajón, la sangre se heló en sus venas, sus ojos se agudizaron, un escalofrío recorrió su espalda a la par que erizaba su piel, y quiso gritar al ver aquella fotografía donde junto a ella posaba con rostro de tristeza la niña que vio en el sueño, estaba segura de que era ella, pero ¿cómo había llegado hasta aquel cajón? La luz se encendió y Michelle entro para comprobar si seguía durmiendo. Aterrada Cian le preguntó ¿sabes de donde ha salido esta foto?

Ella dijo: “ lo vi cuando fui a colgar tu abrigo en la percha,

la tenías asomando en uno de los bolsillos así que la cogí y la guardé en ese cajón para que no la perdieras.”

¿en mi abrigo? Yo no llevo fotos conmigo ni siquiera en la billetera. Dijo Cian desconfiando de la extraña situación.

Pues te la daría algún amigo y olvidaste sacarla del bolsillo.

Ese día no salí de mi casa excepto para ir al bar, llevaba una semana sin salir de casa, ni siquiera fui a la casa de Clotilde, la mujer para la que trabajo.

Michelle cogió la fotografía y miró atentamente a la niña que estaba junto a ella.

Tu sobrina parece enfadada por algo ¿Qué le pasó? ¿ se le perdió su osito de peluche? Bromeó con sarcasmo.

Entonces, las imágenes empezaron a invadir su cabeza, más y más rápido hasta casi saturarla, vio en su cabeza el momento justo en el que de camino hacia el bar, una muchacha tropezó con ella, era la misma niña de la foto y aún peor… era la niña que la avisó en sueños. Cuando reaccionó dijo en tono amenazante “no es mi sobrina, soy yo cuando tenía ocho años” y su mirada se perdió en la luz que resplandecía por debajo de la puerta.

Yo no tengo sobrinas porque no tengo hermanos aunque tengo una hija de 13 años te puedo asegurar que la niña de la foto soy yo cuando tenía ocho años, bosque que aparece de fondo fue donde yo solía ir con mis padres. Sus ojos se cerraron de nuevo tras decir esto.

No dudo de ti, pero igual que tus padres te llevaba a ese lugar, ¿No pudiste llevar tu a tu hija allí y que no te acuerdes en este momento? A veces olvidamos cosas y parece que nunca ocurrieron.

Sí, podría ser… de no ser porque ese bosque fue talado, para construir una urbanización, a principios del año 1984 y mi hija nació el 3 de diciembre de 1990. Afirmó con decisión.

Pero… eso no tiene sentido, seguro que has omitido algún detalle, seguro que no has dicho algo y ese algo es lo que le da sentido a todo, porque nadie puede… debe ser una broma, alguien ha hecho un montaje con fotos tuyas, pero esto no puede ser cierto.

Escucha, necesito que hagas algo muy importante por mi. Dijo abriendo y fijando sus ojos en ella

Lo siento, pero, nos conocemos desde hace muy poco, no se yo solo quise asegurarme de que estuvieras bien pero… comenzó a decir algo nerviosa

¿Crees que te lo pediría si no lo necesitase?

Cerró los ojos, durante un segundo sintió como todo el peso y la presión amenazaban con caer sobre ella, toda su vida había estado evitando tener responsabilidades con las que comprometerse, tomó aire, abrió los ojos y aceptó.

Bajo su atenta mirada comenzó a explicarle por la ruta que debía guiarse, más tarde le informó sobre las fotografías y videos, aconsejándole que hiciese copias malas de todos las imágenes que pudiera encontrar en la casa, después debía coger todo el material original y guardarlo en un mismo lugar, un lugar que fuera inaccesible tanto como para ella como para su hija.

Al poco tiempo partió hacia la casa, antes de lo que hubiese pensado se vio abriendo la cerradura. Una vez dentro cuando iba a comenzar a retirar dibujos de los cuadros colgados en las paredes, incluso, los pequeños portarretratos situados sobre mesillas, cuando de pronto percibió un ruido algo siniestro que procedía de una de las últimas habitaciones, se acercó con cautela hasta comprobar que el ruido venía sin duda de allí, seguramente sería música pero ... ¿a quien podía gustarle algo así? Aquello solo podía utilizarlo algún director de cine para ponerle música de fondo a un paseo por el cementerio, era absolutamente tétrico, empezó a darle hasta miedo y vaciló ante el pomo de la puerta, pero abrió la puerta, allí estaba ella, bueno ella y él, era la hija de Cian y un muchacho varios años mayor. Al ver el rostro asombrado de Michelle, se apartó del chico para preguntarle como si no hubiera visto a ningún ser humano antes, que quien era. Ella se le contó que madre estaba en el trabajo, que necesitaba que recogiera unas fotografías para llevárselas a un familiar que quería tener un recuerdo de ellas dos. La joven fingía prestar atención y cuando terminó dijo tímidamente: de acuerdo... ahora la verdad, ¿qué haces aquí? Mi madre está en paro, no tenemos familiares a los que le haga falta o les alegre una foto nuestra así que dame una buena para no llamar a la policía.

Michelle intentó pensar en como decírselo a una niña de 13 años sin preocuparla en exceso, así que tomó aire y enunció: " tu madre... esta en el hospital, tuvo un pequeño accidente, pero necesito quitar todas las fotografías y videos que tengáis, hacer copias, esconder las originales y poner en su lugar las copias, es lo que me ha dicho tu madre.

Ella contestó algo asustada: Esta bien te ayudaré, hay demasiados, tu sola no terminaría nunca, pero después de esto podemos ¿ir a verla?

Michelle asintió con la cabeza y dejó entrever una sonrisa de alivio.

Tan pronto como se despidió del muchacho, se pusieron a quitar todos los cuadros, cogieron de los portarretratos las fotos, mientras ella con gran rapidez localizó todos los videos de un bautizo, una comunión, algún que otro viaje, videos caseros de los comienzos en una banda de música y de una boda en la que no se sintió "como una princesa". Todo aquello sugería una gran diferencia de carácter entre madre e hija.

¿Tu madre está casada? Preguntó con excepcional asombro.

Lo estuvo. Tras una larga pausa pero mirando al suelo, se decidió a continuar: con el cerdo de mi padre.

Entristecida, se decidió a no preguntar nada más y siguió recogiendo las fotos de los cuadros. Dos horas después no quedaba un solo papel enmarcado, los álbumes estaban vacíos, consiguieron transportarlo todo en cajas de zapatos hasta el estudio de fotos más próximo, una vez allí Michelle le explico al anciano que allí trabajaba que necesitaba copias y las copias de los negativos de las fotos que antes se hallaban en los álbumes, el hombre estaba algo perplejo pero prometió hacer el trabajo lo0 antes posible aunque tardaría tres días como mínimo. Una vez pagada la cuantiosa suma partieron de camino al hospital, el trayecto transcurrió tranquilo, ninguna de las dos se interesó por la otra, ni se conocían ni querían profundizar, el único punto en común era Cian.

El camino se hizo eterno para las dos, tan sumergidas en pensamientos y preguntas cuya respuesta preferían no escucha, la realidad era hostil, escuchar todo lo que los médicos callaban era su mayor temor.

En el extremo del hospital, sonó un grito, era ella al ver a su madre. Cerró los ojos con fuerza y deseó que eso no fuese real, sus palabras y sus lágrimas se ahogaron en un mar de confusión, nunca pensó que vería a su gran luchadora así, tan derrotada, tan débil, no podía ser ella, se acercó con la sensibilidad a flor de piel, abrió la boca para hablar pero solo conseguía tartamudear cosas sin cohesión.

Cian miró a su hija con confianza, luego volvió los ojos hacia Michelle y le presentó a su hija, ninguna de las dos se molestó en fingir que se llevaban bien, ni prestaron atención a los nombres.

En ese momento, un hombre algo mayor irrumpió en la habitación, con el rostro lleno de amabilidad, aunque sus palabras eran tan frías, todo lo que dijo fue que ella debía quedarse más de las 48 horas estimadas, dicho esto cerró la puerta tras de sí. La intranquilidad de aquella visita perduró hasta el atardecer, quizás por ello, esa noche no fueron tres desconocidas, fueron tres almas buscando el consuelo a un drama que se acercaba paso a paso.

A la mañana siguiente, despertaron doloridas por los incómodos sillones a los que no habían conseguido adaptarse.

Aprovechando que Chazz salio de la habitación, para ir a la cafetería, Cian le pidió que en cuanto volviera llevara a su hija al parque de atracciones, como un favor, ya encontraría la forma de recompensarla pero no quería que la viera ni un solo día más en aquella situación.

Michelle no puso mala cara, ni siquiera se negó poniendo excusas solo levantó la cabeza y aceptó.

Sin esperarlo, en plena conversación, llegó ella, y sonriendo, pensando que así su madre también sonreiría si la veía feliz, pero la felicidad se borró de su mente cuando le dijeron los planes que tenían para ella. Refunfuñando se giró hacia la percha, cogió su chaqueta y se puso, le dio un beso en la mejilla a su madre para despedirse y se fueron.

Chazz le miraba como si fuera la culpable y decía cada vez que intentaba hacer una broma “si crees que vas a sustituir a mi madre haciendo estupideces como esta mejor nos volvemos al hospital”

De ese modo, Michelle intentaba ignorar sus comentarios pensado que solo serían días y que merecía la pena hacer feliz a una persona aunque fuera aguantando las niñerías de su hija.

A la vuelta del parque, de camino al hospital, Chazz se dedicó a insultar y pegar patadas a todo con lo que se cruzaba. En un intento por llamar la atención amenazó con contarle a su madre lo aburridísimo que había sido el día y que hubiera preferido quedarse en el hospital, entonces se detuvo en seco y la obligó a ella a pararse le miró a los ojos increíblemente seria y le susurró: por qué no dejas de pensar en ti misma por un segundo y miras a tu madre, por ejemplo. ¿Crees que yo estaría aquí aguantándote por mi cuenta? Lo último que ella necesita saber es que ni tu ni yo no nos aguantamos, así que haz la interpretación de tu vida y dile lo que quiere oír, lo emocionante que ha sido subir a los columpios. Tras esto, siguieron caminando hacia el hospital, ella no levantó la mirada, ni siquiera para cruzar la calle. Cuando llegaron al hospital, no estaba en la habitación, en su lugar había una señora abriendo las ventanas y limpiando el suelo. Atónitas preguntaron qué había pasado.

Tosía y carraspeaba intentando que su voz sonase más suave, aunque su voz sonaba cansada e indiferente, despaldas a ellas y sin hacer el mínimo ademán de volverse les dijo : La mayoría de las veces, cuando la suben a esa planta no tardan en llevarlos a quirófano, es algo temporal, mientras se plantean operar.

Mientras, en la nueva habitación, los médicos no cesaban de entrar y salir, Cian cada vez se sentía peor, más confusa, comenzó a verlo todo borroso, las personas ya no eran siluetas con forma y color, ahora eran sombras borrosas, sombras que empezaban a girar alrededor suya, cada vez más rápido hasta que sus ojos se pusieron en blanco y se cayó al suelo. Cuando despertó recordaba vagamente qué hacía allí, fue caminando lentamente hasta la ventana, no era muy grande pero se veía a la gente pasar, ver a las personas continuar con su vida ignorando que había gente que no era capaz, le hacía pensar en su soledad, en sus miedos, le hacía ver lo vulnerable que era por el simple hecho de no luchar por lo que tenía, pero seguía ahí mirando por la ventana como si aquello fuera una película donde ella solo era un espectadora más sin capacidad para participar. Y estaba allí, con la mirada perdida, hipnotizada por las preguntas automáticas que golpeaban con fuerza su mente y de entre ellas una se repetía ¿Por qué se seguía comportando como una adolescente justificando cada fallo con el pasado mientras si ella sabía que podía darle algo mejor a su hija? Entonces vio a plena luz del día a una madre darle una bofetada a su pequeña y la niña ni siquiera movió el gesto, mantenía la mirada fija en el suelo, de repente la niña salió corriendo, debía tener siete años, era muy pequeña para tener reacciones así, había asimilado que su madre la golpease sin mostrar el dolor sin embargo cuando ella pensó que ella habría aprendido la lección la pequeña se fue. Juró para sí haber visto a esa niña antes, sus cabellos cortos pero rizados…

Pensativa se fue deslizando por la habitación hasta llegar al borde de la cama, donde se sentó, apoyó la cabeza entre sus manos, cerró los ojos de nuevo y comenzó a recordar… tan lentamente iban llegando a su cabeza aquellas tardes, ya tan lejanas, en las que jugaba con su padre a la pelota y se escondía entre los árboles.

Como despertando bruscamente del sueño mas largo y profundo, fijó la vista en las otras ventanas que daban al pasillo, se calzó y se levantó, caminó lentamente hacia la puerta que estaba entornada, poco a poco conseguía acceder a un pasillo lleno de puertas, todas cerradas, avanzó hasta el final donde pudo apreciar una luz tan clara y pura escaparse por debajo de la puerta, empujó suavemente y la puerta se abrió dejando al descubierto a una niña que dormía, a su lado había un niño que la miraba con deleite como si tuviera todo el tiempo del mundo aunque estaba impaciente por verla despertar, parecía ser su ángel de la guardia, con unos hermosos ojos azules que dejaban ver el cariño y la ternura. Pero en cuanto Cian avanzó un paso, ella abrió los ojos de golpe, la niña aunque asustada evitaba mirar a los ojos de Cian, él le dio la mano para calmarla, susurrando una canción en sus oídos, solo así dejó que ella se acercase un poco más, aún así él la miró con desconfianza.

¿Cuántos años tienes pequeña? No deberían dejarte sola en un lugar como éste. Dijo muy bajito Cian.

Tengo seis años. Dijo la pequeña enumerando con los dedos.

No estoy sola, él cuida de mí. Añadió con firmeza pero sin soltar su mano.

De repente escuchó que alguien decía su nombre, al volverse descubrió que eran Chazz y Michelle que llevaban tiempo buscándola y le preguntaron : ¿qué haces en esta habitación tu sola?

No estoy sola estoy con ellos. Dijo a la vez que volvía la cabeza hacia atrás para presentarles a los dos niños, pero no había nadie cuando ella se giró.

Con su ayuda volvieron a la habitación, aún tenía dificultades para andar, los medicamentos tan fuertes la entorpecían su coordinación.

Una vez más un doctor irrumpió en la habitación pero esta vez solicitó con demasiada seriedad que Michelle le acompañase parecía tener algo importante que decir. Dentro de la habitación quedaron madre e hija, parecía entusiasmada con lo que su hija le contaba sobre los lugares en los que habían estado. Chazz al verla tan interesada siguió contándole cada detalle sin dejar nunca de sonreírle y haciéndole ver lo feliz que eran.

Fuera, a tan solo unos metros, el rostro de Michelle se rompía en mil pedazos por las lágrimas que heladas en sus ojos no podían salir, pues cuando lo hicieran no habría consuelo suficiente para frenar su pena. El descubrimiento de los médicos había roto toda esperanza, no podía ni siquiera pronunciar la palabra, había descubierto un cáncer demasiado desarrollado en el pecho. Así fue como la vida de Cian pasó a ser una vida con fecha de caducidad. Le dieron veinte días de vida, el hombre dejó a su elección decirle la verdad a Cian o callar.

Cuando Michelle reunió el valor para abrir la puerta y mentir, encontró que los doctores estaban de nuevo medicándola, en breve se dormiría de nuevo, pero antes de dormirse pidió que la dejasen sola con ella.

Ven, acércate, voy pedirte una cosa… Dijo con una voz que se iba apagando.

Dime. Respondió ella con ternura en la mirada.

Necesito que te lleves contigo a Charlie, sé que es una niña difícil de tratar pero necesito que cuides de ella, que cojas las llaves del cajón y te la lleves a vivir contigo, sé que puedo confiar en ti, ella es lo único que tengo en este mundo, prométeme que estará bien contigo… Dicho esto cerró los ojos y se quedó dormida mientras ella lloraba en silencio los dientes con fuerza.

Chazz entró en la habitación con un cierto aire sumiso, se acercó a ella y al verla llorar la abrazó intentando controlar sus emociones, se sentía muy arrepentida por lo insolente que había sido con ella cuando ella solo cuidaba de ella, por fin lo entendía, por eso estaba allí, por eso agachaba la mirada, por eso la abrazaba con fuerza contra sí.

De este modo, cuando le comunicó que a partir de esa tarde vivirían juntas, Chazz sintió por fin la paz y la tranquilidad que aquellos dos días no había logrado tener

ni si quiera durante un par de segundos. Mientras Michelle caminaba a lo largo del pasillo en busca del ascensor para bajar, Chazz pegó la cara a la ventana y cuando el bao

se extendió sobre el cristal dibujó la palabra mamá con la torpeza y la ilusión de un niño que acaba de aprender a escribir.

Cian durmió toda la noche sin interrupción, pero dormir implicaba soñar, soñar implicaba recordar, aquella noche volvió a ver a los niños de seis años juntos de nuevo, esta vez él lloraba abrazado a su cuello, ella esta tumbada llena de tubos, pero vestida de blanco, la luz que alumbraba el lecho donde la pequeña yacía era una luz tan blanca que cegaba. Una tras otra las lágrimas del niño de los ojos azules iban cayendo sobre su cuello como gotitas de cristal. Con una intensidad casi inapreciable la luz fue apagándose hasta que la tenue luz que los iluminaba se convirtió en el preludió de la oscuridad, pero antes de que la oscuridad se hiciera absoluta, Cian pudo apreciar una silueta a lo lejos, conforme se acercaba, la luz volvía a hacerse presente, a cada paso que ella daba, cuando reaccionó la silueta se encontraba donde antes estaban los dos niños, en lugar de ellos ahora había una mujer joven, que en brazos sostenía a una niña de dos años, esa mujer compartía algunos rasgos con ella, pero no podía ser ella misma por algunos detalles como por ejemplo la estatura, el color de su cabello, en cambio, ella sí le miraba a los ojos de forma directa, era extraño porque la forma de sus labios era la misma y la manera de reír también, incluso la forma de caminar era la misma.

A la mañana siguiente, los médicos encontraron demasiada calma en la habitación, intentaron reanimarla pero no servía de nada porque ella no estaba muerta sino que seguí sumida en el sueño, tendría que despertar por sí misma.

Mientras la subían a quirófano para intervenirla, todos los médicos corrían de un lado hacia otro, en las pantallas de los monitores de la sala se veía el estado crítico en el que estaba sumida. Tras las puertas del quirófano, Michelle y Chazz suplicaban en silencio por una tregua a tanto sufrimiento. Cian seguía soñando pero por primera vez,

la velocidad de los recuerdos comenzaba a disminuir.

Los latidos de su corazón se iban apagando al mismo tiempo que ella misma en el sueño se iba acercando a una luz que se hacía densa, incluso sentía el calor acariciándola, una silueta se acercaba lentamente hasta ella, le transmitía serenidad y una sólida sensación de paz, cuando estuvo a su lado vio a un hombre alto, vestido de blanco por completo, sus labios de un color tímidamente rosado, entonces se detuvo en sus ojos, observando la profundidad que había en ellos, la seguridad que le proporcionaba con solo mirarla, entonces él entre sus labios para decir “ He estado esperando a que despiertes, mías eran las amargas lágrimas que se hicieron cristal, por tu ausencia, mía la necesidad de amarte que solo la eternidad amainó, coge mi mano y sígueme, no temas, aquí la esencia de las almas no muere porque aquí el amor dura para siempre” Tocó su mano con cautela hasta que por fin sentir el calor de los finos dedos de Cian deslizándole entre sus dedos…

Aquel día, dos siluetas se dibujaron junto a la pequeña Charlie, un último aliento de vida soplo para ella, por un segundo, Charlie suspiró al notar que en su hombro derecho algo parecía haberle dado una caricia llena de calor, no vio a nadie detrás de ella, por un momento sintió que su madre estaba casi ahí.

FIN

(A la memoria de mi abuela)